lunes 25 de abril de 2011

Siempre habrá héroes

No tienen poderes sobrenaturales, pero trabajan más de 12 horas diarias, su régimen laboral no les otorga ninguna clase de beneficios, enfrentan juicios penales como resultado de decisiones institucionales (y ellos mismos asumen los gastos de su defensa), y más de una vez reciben los apelativos de“burócratas insensibles”, “tecnócratas de escritorio” o incluso “perros del hortelano”.

Escribe María Antonieta Alva Luperdi

En mis todavía inexpertos cuatro años en el sector público, he interactuado con Directores Generales que además de ser profesionales con sólido conocimiento técnico, se caracterizan por una ética de hierro, capaz de imponerse incluso a los caprichos de los políticos de mayor peso. Una ética y valores que tienen como consigna la defensa de los intereses del Estado y de los peruanos por encima de cualquier interés particular. La misma ética que los hace poner su cargo a disposición cuando están presionados a tomar decisiones que no son coherentes con sus convicciones.



Los resultados de la segunda vuelta han instalado una nube de pesimismo en los peruanos, y lo que es más preocupante, en los jóvenes. Escucho con frecuencia frases como “en cualquiera de los casos, se van a levantar el país en peso y es poco lo que podemos hacer”. Mi respuesta a estos incrédulos es que en el sector público todavía hay espacio para que “donde mande capitán, también mande marinero”. Y es que cualquier decisión que tome el Presidente (usualmente plasmada en un dispositivo legal) debe ser refrendada por su Consejo de Ministros o por el Ministro que sea competente. Pero lo que pocos sabemos es que cada firma que es estampada por un Ministro es producto de un rosario de vistos buenos de las áreas técnicas: las Oficinas de Asesoría Jurídica, las Secretarías Generales, la Dirección Generales competentes, previos informes técnicos. De manera que en este recorrido, hay espacio para que las áreas técnicas introduzcan ciertos “candados” o “controles de daños” a las decisiones tomadas en el nivel político. Que quede claro que no es mi intención deslegitimar las decisiones a este nivel, sino más bien hacerles notar que los funcionarios públicos, si así lo quieren, pueden no ser títeres de la voluntad política y más bien negociar bajo sus convicciones técnicas y morales.


Quemados todos los cartuchos, también pueden dar un paso al costado. Se quedarán sin trabajo de un día para otro, pero se irán a dormir todas las noches con la satisfacción y tranquilidad de haber defendido sus convicciones. Habrán perdido una batalla, pero en el tiempo que estuvieron en sus cargos, ganaron muchas guerras.

Eso sí, debería ser motivo de interés de la opinión pública indagar las razones que llevaron a que el Estado pierda de sus cuadros a un profesional capaz y comprometido con su trabajo.

A los incrédulos les digo: hay mucho por hacer desde el sector público para defender los intereses del Estado de caprichos populistas y personales que se digitan desde Palacio de Gobierno o desde el Congreso. En mi corta experiencia en el sector público tengo en mente al menos 5 nombres de profesionales de lujo que tuvieron que dar un paso al costado en el campo laboral, pero que siguieron en línea recta sus valores y convicciones.

A todos ellos, a través de estas breves pero sinceras líneas, quiero agradecerles públicamente por defender nuestros intereses y por ser el referente de honestidad y profesionalismo para muchos jóvenes que queremos desarrollarnos en el sector público.

1 comments:

Ricardo Montero dijo...

Pero tu conclusión no es justo motivo para más pesimismo? Los heroicos funcionarios del sector público merecen todo mi respeto y admiración, pero el que justo tengan que salir para no comprometer sus valores y la probabilidad de que esto se haga más frecuente es lo deprimente.
En fin, ojalá me equivoque. Sigue con el gran esfuerzo y gracias por el heroismo.