miércoles 25 de mayo de 2011

Democracia Marca Perú

Mea Culpa ciudadana


Por Owan Lay

La última elección general en el Perú ha culminado con un sinsabor para muchos peruanos, quienes ahora nos debatimos entre dos opciones: el fujimorismo o el nacionalismo (en constante metamorfosis). Hoy es muy frecuente ver en las redes sociales personas que luchan con devoción por la democracia, aunque ésta aún sigue vigente. Además vemos algunas voces que promueven el voto viciado como legitima forma de expresión electoral y otras expresiones de ciudadanos organizados quienes reafirman su vocación y lucha democrática, pues para muchos esta situación nos ha puesto una vez más con un pie en el acantilado. Pero nunca reflexionamos que los culpables somos todos.



De la Democracia y las Elecciones
Desafortunadamente, en el Perú la democracia parece vivirse sólo cada cinco años con una elección general, pues es el único momento en el cual los ciudadanos, o quienes nos jactamos de serlo, hablamos sobre política y nos interesamos en ella. Pero no hemos reflexionado que la democracia no es simplemente un acto electoral, sino una forma de organización social, que tiene una serie de normas (positivas y no) e instituciones, implica capacidad y voluntad de negociación y consensos, un conjunto complejo de interrelaciones entre gobernantes y gobernados, y lo principal, tiene una visión comunitaria pues está orientada hacia el bien común. En suma y parafraseando a Sartori la democracia es un principio de legitimidad, es un sistema político y de gobierno llamado a resolver los problemas del ejercicio del poder (como forma de organización social) y es un IDEAL, en constante transformación.


Las elecciones, entonces, son sólo una parte de esta dinámica compleja llamada democracia. El último proceso electoral en el Perú ha dejado un sinsabor a los peruanos ya que dos de las opciones que han pasado a la segunda vuelta en términos reales no representan ni el 50% de los votos. Y lo digo así pues sobre el total de los votos emitidos Humala obtiene solo el 27.8% y Keiko obtiene el 20.6%. Aunque cuando hablan de votos válidos la diferencia porcentual es significativa, no considero que para el análisis deban eliminarse los votos nulos y blancos, pues estos corresponden a una expresión ciudadana.


¿Qué nos dejó la elección? A mi parecer, por un lado, lo terrible que puede significar la alta fragmentación del sistema político, con varios candidatos muy pegados al centro, la terrible y siempre mala costumbre de desgastar al oponente en vez de persuadir al electorado e inspirar el sueño de un país mejor; y por último, lo sombrío que puede ser optar por una moda que modifique el panorama electoral y que coloque a todos en situación de gran incomodidad, lo que confirma que nosotros nos preocupamos por la política sólo cada cinco años.


La Segunda Vuelta
Esta segunda vuelta discurre con una serie de mitos, leyendas, temores, acomodos y reacomodos. El fujimorismo tiene un gran pasivo en términos de derechos humanos, destrucción de las instituciones democráticas, perversión de la prensa (cosa que vivimos hasta hoy con los diarios chicha), asistencialismo como estrategia de desarrollo social y fomento de redes de corrupción altamente organizadas. A pesar de tener en sus filas al ala más dura del fujimorismo encabezada por Martha Chávez & Cía., continúa tratando de presentarse como la mejor opción en lo económico, comprando las cartas pases de jales de nivel internacional como Hernando de Soto y el Republicano ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, quien ha sido reconocido por muchos como el mejor alcalde de esa ciudad, pero también es tristemente recordado por incitar el Racial Profile en la policía neoyorquina contra afroamericanos y latinos.


Por su lado, el nacionalismo, en constante metamorfosis, presenta como pasivos la ideología etnocacerista del padre, las violaciones de derechos humanos en Madre Mía (durante su época de militar), la insurrección militar el mismo día que salía el velero Carisma con Montesinos fuera del país y los terribles sucesos conocidos como el Andahuaylazo, llamando una vez a una insurrección armada en tiempos considerados por todos como democráticos. En el reacomodo el nacionalismo tuvo la habilidad política de asumir el desafío adaptativo de la segunda vuelta y absorber a gran parte de los técnicos de Perú Posible, para dar un gran giro de timón hacia el centro y modificar su programa de gobierno, en el entendido que más del 50% de los peruanos no estábamos de acuerdo con su viejo programa. El gran problema de Humala es que no suena convencido de lo que dice.


Las Movidas Ciudadanas y el Voto Viciado
La sociedad civil organizada y los ciudadanos digitales han emprendido a través de las redes sociales y de las convocatorias públicas una serie de actividades cubiertas bajo el paraguas de: “defensa de la democracia”, cuando ésta aún sigue en vigencia.


Hoy vemos cómo notables y prestigiosas instituciones producen sendos comunicados, otras se reactivan para luchar por la democracia. Asimismo, promueven actividades públicas como lavados de banderas y marchas ciudadanas, buscando fomentar el activismo político en el ciudadano de a pie, aquel que parece decirnos a aquellos que pensamos más en la preservación de las instituciones: lo que verdaderamente importa “es mi economía, estúpido”.


Muchos de los notables y de las prestigiosas instituciones dejaron de existir para el común de los mortales inmediatamente logrado el retorno a la democracia, luego de la dictadura fujimorista. Pues para la mayoría de nosotros queda la percepción de que no continuaron su lucha ni su rol pedagógico con la población para instaurar una verdadera cultura democrática en el país, lo que correspondía – a mi juicio- luego de un periodo dictatorial que tuvo como principal activo pervertir las instituciones y la percepción ciudadana.

Los ciudadanos digitales vienen presentando un mayor esfuerzo de debate en las redes sociales. Un grupo nada despreciable (donde se encuentran algunos de mis familiares) son entusiastas en promover el voto viciado como forma de hacer escuchar su malestar y protesta frente a las opciones que no son de su preferencia bajo el argumento de que el 50% de la población no está ni con uno ni con el otro. Situación posible en cualquier proceso de segunda vuelta en sociedades tan políticamente fragmentadas como la nuestra. Por otro lado, ellos no perciben que para Ollanta y Keiko es claro que no contarán con un gran respaldo ciudadano, pues el descontento de la opinión pública es más que evidente. Sin embargo, este ejercicio es bueno y democrático.

¿Es en realidad el voto viciado o blanco una solución? En lo personal pienso que no, pues no es sólo una elección en sí misma, sino también la decisión de encaminar el país por un modelo de desarrollo, nuestra forma de interacción entre gobernantes y gobernados, un modelo de Estado. Y nuestro sistema queramos o no, nos obliga a elegir a un nuevo gerente para nuestro país.Esto sucede desafortunadamente cada cinco años pues no hemos sido capaces de concertar y negociar una hoja de ruta viable y legitima para todos, un nuevo pacto social que desarrolle la potencialidad que la diversidad étnica y cultural de nuestro país ofrece para nuestro desarrollo interior y exterior.


Mea Culpa
Como epílogo de estas líneas, creo que es necesario hacer un mea culpa sincero y cambiar de actitud hacia adelante. Por un lado, creo que he sido responsable -a pesar de ser la política mi pasión y motivo de estudio- de no haber compartido lo poco o mucho que sé con mis amigos y familiares, en tal sentido, no he contribuido con mi granito de arena a la formación de ciudadanos.

Esta actitud contribuye a pensar en la democracia como electoralismo, cuando la democracia es una forma de organización social, compleja es verdad, pero eso no quita que debamos discutir sobre cómo queremos y debemos organizarnos.

Por otro lado, creo que los peruanos -incluyo a la clase política dirigente y los medios de comunicación- no hemos apoyados suficientemente el Acuerdo Nacional; y es que el Acuerdo Nacional no se percibe como este gran consenso, como esta gran hoja de ruta que contribuya a nuestra construcción de país. Si hubiéramos hecho eso en los último 10 años de democracia, hoy no estaríamos preocupados por quién es o no el candidato, sino en su disposición a seguir la hoja de ruta que todos marcamos.


Declaro que desde hoy trabajaré para inspirar mediante esta pluma, junto a los coherentes, y con mis acciones cotidianas para que logremos ese gran consenso, utópico dirán algunos, de diseñar una hoja de ruta real, legitima, democrática, inclusiva y coherente, que sea parte de la vida cotidiana de cada uno los peruanos, como forma de evitar los sobresaltos que vivimos cada cinco años.