sábado 4 de junio de 2011

¿Por quién habremos votado?

La Democracia exige que nos pongamos en los zapatos del otro

Por Elohim Monard, Comunicador Social y miembro de Gobierno Coherente

La joven bajita que trabaja en nuestra casa por varios años, que se llama María o Josefa o Feli, que cocina y lava, plancha y limpia, ordena y cuida, que quizás no ha recibido vacaciones pagadas, un abrazo de agradecimiento, una invitación a la mesa familiar. No te has preguntado nunca, ¿por quién habrá votado?

El policía que arriesga su vida a la puerta de un banco, que aceptó un condenable soborno luego de recordar su sueldo y a su madre y los ladrillos que faltan en su casa, aquel que sobrevive en las calles para que nosotros transitemos. No te has preguntado nunca, ¿por quién habrá votado?

El joven que limpia baños para pagar sus estudios de computación, a quien nunca miraron ni saludaron ni siquiera agradecieron la mayoría de universitarios que pasaron a su lado. No te has preguntado nunca, ¿por quién habrá votado?, o por lo menos, ¿cómo llegó ahí?


El Presidente que inaugura hospitales, salones de clase y carreteras, en donde no hay salud ni educación ni a dónde huir, que llega sabiéndolo todo y sin mirar a nadie. No te has preguntado nunca, ¿por quién habrá votado? O incluso, si será capaz de votar por alguien que no es él.

+++

Si nunca te lo has preguntado. Si te lo preguntaste pero no hiciste nada por cambiar la situación. Más aún, si eres quien corrompe, quien abusa, quien engaña, quien ignora o quien se resigna, de poco vale por quién votaste en las elecciones pasadas o por quién votarás en las que vienen.

Conozco muchos jóvenes, por ejemplo, que actúan laboriosamente desde sus organizaciones para que nuestro país sea menos desigual, pero no es suficiente. La justicia, la educación, la salud, la seguridad y la autoridad son tan dispares que no solo provocan desconfianza, sino también miedo: al desamparo, a la impotencia, a la arrogancia. Y un miedo mayor parece ser, para muchos, el tener que aceptar que los padecimientos de nuestros compatriotas en costa, sierra o selva son también nuestros.

Estas elecciones han tenido tales muestras de incomprensión, intolerancia y racismo que sacaron a la superficie lo que vivimos en pueblos, calles o casas con disimulo. La verdadera desigualdad se manifiesta en cómo nos tratamos los peruanos entre nosotros.

Mientras existan peruanos que temen a otros peruanos, fruto de la indiferencia, la exclusión o la discriminación, seguirán apareciendo personajes a quienes temer cada cinco años, de uno y otro lado del espectro político, pues no hacen más que representar nuestra más íntima cotidianeidad.

Son nuestras más breves actitudes y acciones las que harán el cambio en nuestro país. Tomemos un tiempo para reflexionar sobre los peruanos con los que convivimos, las oportunidades que ostentamos algunos o de las que carecen otros. Luego, será momento de preguntarnos cada uno para nuestros adentros: ¿por quién habremos votado?