Gran artículo de Juan Carlos Ponce acerca de la inclusión social del colectivo GLBTT. para compartirlo, difundirlo y comentarlo, pero también para hacer una reflexión como ciudadanos comprometidos con una causa que vale la pena seguir: Proyecto Igualdad.
Tal vez el gran emblema del actual gobierno es y será, a lo largo de su gestión, el de la Inclusión Social, denominada “La Gran Transformación”, que en palabras del Presidente Humala significa que “el dinero se convierta en calidad de vida”. Se habló de este tema desde la campaña presidencial, y ya empezó a verse su ejecución a través de los diversos programas sociales que el Estado ha reforzado y creado.
En su último discurso en las Naciones Unidas, el Presidente Humala señaló que “la democracia es la base para la autodeterminación de un pueblo y el Estado debe estar preparado para asumir esa voluntad con lealtad”. Precisamente, los peruanos vivimos en un Estado con democracia y en donde el Gobierno tiene como función tratar de llegar a más ciudadanos y de la mejor manera, lo que llamamos en gestión pública una buena eficacia y eficiencia.
Sin embargo, si bien el Estado tiene como objetivo una mejor inclusión social, la sociedad está dejando de lado la parte que le corresponde. Estamos siendo simples espectadores – y receptores – de lo que nos ofrece el Gobierno: mejores oportunidades para un mejor nivel de vida. Pero, ¿nosotros qué estamos haciendo frente a ello? ¿Estamos cumpliendo con “nuestra parte”?
La inclusión social tan solo se analiza desde un punto de vista, el estatal, que se basa en indicadores de mejorías en los estándares de calidad de vida, como educación, salud, nutrición, acceso a agua potable y mejor sistema sanitario, entre otros; pero no se analiza desde la sociedad. Nosotros, los ciudadanos de a pie, no estamos actuando como tales; y muchas veces no respetamos al “otro”. Nos hemos preguntado alguna vez si ¿verdaderamente nosotros practicamos la inclusión social? ¿Aceptamos a los demás sin importar las diferencias?
En los últimos días, el mundo quedó asombrado por la muerte de James Rodemeyer, un niño de tan solo 14 años de edad, quien se suicidó a consecuencia del bullying. Este niño americano sufría de acosos y burlas en su propia escuela, simplemente por ser gay. Él no lo soportó y tuvo el valor de dejar su mensaje en un video, antes de quitarse la vida.
También, hace unos días, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, criticó que los precandidatos republicanos a las presidenciales se hayan quedado callados cuando una multitud de participantes empezó a abuchear tras una pregunta hecha por un militar gay. Obama se manifestó en contra de ello e instó a que si querían ser comandantes en jefe deberían apoyar a los militares, incluso si estos eran gays.
Día a día estamos viendo casos más parecidos a los del niño Rodemeyer, y debe ser aún peor en países donde la homosexualidad es ilegal, incluso merecedora de pena de muerte. Pero también existen casos como los del Presidente Obama. Cada vez la comunidad global es más tolerante con los demás. Las personas con una opción sexual distinta a la nuestra no dejan de ser ni más ni menos que nosotros mismos. Son tan capaces como cualquiera de nosotros y no por ello las podemos etiquetar de tal o cual manera.
A fines de 2008 se presentó la Declaración sobre orientación sexual e identidad de género de las Naciones Unidas. Esta declaración “condena la violencia, el acoso, la discriminación, la exclusión, la estigmatización y el prejuicio basado en la orientación sexual y la identidad de género. También condena los asesinatos y ejecuciones, las torturas, los arrestos arbitrarios y la privación de derechos económicos, sociales y culturales por estos motivos”. Sin embargo, resultó vergonzoso que el Perú no haya firmado dicha declaración ya que podría contravenir en el futuro con instituciones jurídicas como el matrimonio y la adopción, como lo señala el Ministerio de Relaciones Exteriores.
No obstante, el último 17 de junio, Naciones Unidas presentó una resolución “histórica” en defensa de los homosexuales, en donde se proclama “igualdad para todos, independientemente de su orientación sexual y condena la discriminación y la violencia contra los gays, lesbianas y transexuales”. Esta resolución, que tuvo un resultado muy ajustado: 23 votos a favor, 19 en contra y 3 abstenciones; consolida de alguna u otra manera la lucha por lograr un mundo cada vez más justo y tolerante.
En esa misma línea nace Proyecto Igualdad, una iniciativa de Gobierno Coherente, que basa su esencia en los lineamientos estratégicos coma la formación y participación ciudadana, así como en los principios del Ideario Coherente: donde queremos una sociedad saludable, donde eduquemos para ser felices y donde velemos por un sistema integral de justicia que funcione correctamente. Proyecto Igualdad, en su primera etapa, viene poniendo énfasis en la inclusión social del colectivo GLBTT (Gay, Lesbianas, Bisexuales, Travestis y Transexuales), inspirando a los jóvenes a mostrar su aceptación, tolerancia, respeto, no discriminación por ser diferente, y rechazo a la homofobia siguiendo los ideales de una sociedad libre y pluralista.
Hay dos tareas que aún quedan pendientes. Por un lado, el Estado, al momento de dar un mayor énfasis a la inclusión social, debería poner más atención a los grupos minoritarios, incluyendo al colectivo GLBTT. En ese caso, podemos exhortar al nuevo gobierno para que replantee la adhesión a favor de la Resolución del 2008.
Por otro lado, está la tarea de la sociedad en general. Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de interiorizar la inclusión social, y luego, exigirla. Es absurdo que en el siglo XXI aún sigamos luchando por defender el derecho a la igualdad; pero mientras la intolerancia campee sin vergüenza, iniciativas como Proyecto Igualdad, junto con otras de diversas organizaciones, seguirán luchando por una sociedad más inclusiva y feliz.
Por Juan Carlos Ponce, politólogo de la PUCP y miembro de Gobierno Coherente
\”Todos los seres humanos somos distintos, pero no por distintos tenemos menos derechos\”. Pachi Valle Riestra (bailarina y coreógrafa).

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